La historia de Cepesma es la historia de Enol y Ercina

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LA HISTORIA DE CEPESMA ES LA HISTORIA DE ENOL Y ERCINA

Espectacular salto de Enol y Ercina en la playa de los Molinos (Caroyas) Valdés.
Enol con uno de sus jugetes favoritos (plasticos, papel de aluminio, etc. que solia recoger del fondo, transportandolos en las aletas).

 Aquella mañana del día once de Mayo  mientras buceaba en la zona denominada Las Perceberas de Caroyas, sería con el tiempo, el punto y aparte de mi vida de una manera difícil de imaginar, aquel miércoles daría paso a una forma distinta de vivir en mi.

Dos seres lograrían en un escaso tiempo hacerme tener una visión mas fraternal del entorno que nos rodea, …de esa naturaleza,  con su latir, transmitido a través de la brillante pupila al mirarles de cerca,... de tu a tu .

Si todos nosotros intentásemos leer esa mirada,  si dedicásemos solo algunos segundos en intentar descifrarla, …intentaríamos facilitarles una vida mas digna,…!! Nos piden tan poco!! … solo existir.

Tardaremos en ser conscientes del grado de sensibilidad que su presencia aportó a todos nosotros durante el tiempo que tuvimos la inmensa fortuna no solo de disfrutar de su estancia, sino también de la cantidad de información y conocimientos que poco a poco fuimos descubriendo al estar en contacto directo durante mas de cuatro años.

Es seguro  que en los distintos lugares en los cuales estuvieron, dejaron una huella difícil de olvidar, y puedo decir que en mas de una ocasión pude apreciar como personas que habían tenido contacto con ellos  sentían una enorme nostalgia que hacia aflorar fácilmente las lágrimas al recordarlos.

Al principio de su asentamiento en la costa Valdesana o de Luarca como gustan llamar algunos, su estancia parecía ser temporal, por pocos días, no pudiendo comprender el porque de esa querencia en una zona tan poco habitual, y cada vez que me acercaba a ellos,…mas dudas y mas temor me suscitaban no solo por los múltiples aparejos de pesca ,sino también por acciones deliberadas que podrían poner en peligro su existencia.

Pasaba la mayor parte del tiempo embelesado con su presencia intentando estar mas cerca, estiraba el brazo logrando casi tocarlos, pero ellos de una forma extraordinaria parecían mantener una constante distancia, muy corta, pero la suficiente como para evitarme.

Cada día surgían nuevas preguntas, ¿cuál será macho o serán hembras los dos? Tardé recuerdo, casi mas de tres meses en asegurarme de su sexo gracias a varias fotografías y he de decir que incluso dos años mas tarde, algún científico dudaría de esta afirmación.

 

Durante dos años y medio fue una lucha interna conmigo mismo,  escuchaba algún comentario de algún pescador diciendo que había visto “chufinos” por  la zona y yo intentaba no darle mayor importancia diciéndoles que era esporádico y que se marcharían pronto, pero cuando les observaba de cerca, ….cuando les miraba a los ojos ,...algo me decía que iban a estar con nosotros mucho tiempo a no ser que algún desaprensivo les llegase a hacer daño.

Tengo grabadas en mi mente multitud de anécdotas en los innumerables días de buceo entre ellos, de sus imitaciones, de sus piruetas juguetonas, de sus objetos preferidos y sobre todo de esa maravillosa mirada…dulce,...tierna,...con la cual me estudiaban seguro mucho mas fácilmente que yo a ellos, adivinando muchas veces de una manera increíble mi estado de animo o mi próxima marcha de su lado.

Recuerdo como una tarde de la ultima semana de Octubre del 94, precisamente otro miércoles  con una fuerte lluvia, después de haber estado buceando con ellos durante mas de hora y media, retire la empuñadura del traje de neopreno para poder mirar el reloj,...en ese mismo momento, el macho se interpuso entre la lancha y yo, evitando con ello que me acercase a la misma, decidiendo  soltar el chaleco y la botella en el escaso fondo al tenerla totalmente vacía para poder continuar mas cómodo con ellos durante casi una hora mas.

Desde aquel día, aquellos seres pasarían a llamarse ENOL y ERCINA en agradecimiento a un escalofrío que recorrió mi cuerpo al tocar por primera vez la suave piel del macho, que por aquel entonces era bastante más pequeño que la hembra (posiblemente 25 o 30 cm. menos)

He de confesar que fue tal la emoción que me produjo el tocarle, que esa misma noche, cogí el coche y me acerque hasta el acantilado, ya que era muy difícil acceder a la playa por el antiguo camino ahora reformado.

Es de suponer que después de cuarenta minutos en aquella oscuridad, desistí de poder verlos preocupado no por esto, sino porque el rugir las olas me hacia presagiar que la mañana siguiente seria difícil entrar en la zona por el estado de la mar,... como así fue .

Cada día que pasaba me esperaban cosas nuevas en su comportamiento, algunos días me recibían eufóricos, otros no tanto y de igual manera me solían despedir, a veces con saltos, otras mas tranquilamente y me fui dando cuenta de aspectos muy singulares como la querencia a merodear un determinado bajo en la zona denominada la Mansa, al oeste de la playa donde cotidianamente pasaban largo tiempo, descubriendo la existencia de una piedra totalmente plana con una pequeña inclinación hacia el norte.

En esta piedra tenían el hábito de pegar lentas pasadas, rozando en un curioso zigzagueo unas veces el vientre y otras ambos costados, supuestamente para eliminar algún parásito dérmico o aliviar algún que otro picor.

ENOL, gustaba de recoger del fondo plásticos y sobre todo le encantaba el papel de aluminio, el cual solía mantener durante días incluso después de que perdiera totalmente su brillo, guardándolo con gran celo, evitando que se lo quitase y en ese caso, rápidamente se acercaba recogiéndolo con un empujón del pico hacia arriba para posteriormente engancharlo con las aletas pectorales, la gran mayoría de las veces con la derecha.

Con infinidad de anécdotas seguía transcurriendo el tiempo y ellos seguían como enclaustrados en aquel pequeño espacio en el que parecían existir unas barreras físicas infranqueables, tanto al este como al oeste, siendo esta distancia no superior al kilómetro.

En el caso de la zona  oriental de la playa, nunca rebasaban la vertical de la desembocadura del río Esva, mientras que en la occidental el islote de la Echada era el punto de retorno cuando acompañaban a alguna embarcación, regresando automáticamente de nuevo a la ensenada de la playa de Los Molinos.

Este comportamiento siempre me llamo fuertemente la atención siendo curioso que hacia el norte si que solían salir sin ningún impedimento, siendo observados en alguna ocasión sobre todo al atardecer salir a mar abierto mas de una milla, siendo de suponer que quizás durante la noche las pautas alimentarías las realizasen a esta distancia o posiblemente mucho mas lejos, aunque en la zona la alimentación solía abundar sobre todo en especies como pequeño chicharro, sardina y otros pelágicos.

Comencé a evitar visitarlos a última hora de la tarde, ya que de regreso, mientras se ponía el sol y dejaba en la distancia sus siluetas allí a lo lejos en la soledad, me producía una enorme tristeza mientras me preguntaba como amanecerían al nuevo día entre tanto aparejo de miño, de volanta, de nasas y de palangres.

En una conversación  se me insinúo que ciertas personas  estaban muy molestas por la ya tan acostumbrada presencia de los dos delfines, se les acusaba de entorpecer la entrada de salmones en el cercano río Esva e incluso de alimentarse habitualmente de éstos, por lo que en poco tiempo entre algunos “pescadores” deportivos, se creó un clima de malestar que propicio que en la noche del último jueves del mes de Mayo del 96, al menos dos personas atentasen contra ellos con armas de fuego, (con un rifle del calibre 22)

Por suerte aquella noche a pesar de ser bastante clara no lograron su despiadado objetivo.

Esto desencadenó en mi aún mas si cabe, el temor por sus vidas, coincidiendo con otro hecho aberrante en el mismo muelle de Luarca por otro “pescador” el cual no dudó en recoger una pequeña tortuga boba (caretta caretta) que merodeaba por la que él consideró su zona de pesca y sin mas miramientos, sacó su navaja del bolsillo cortándole la cabeza.

También estaba en mi mente otro suceso anterior ocurrido en la playa de Luarca en el cual otro de las mismas condiciones acabó con la vida de la foca gris que desde hacía casi un mes jugueteaba con los niños, apaleándola vilmente en la cabeza.

Ante tales circunstancias decidimos dar la máxima información con la intención de concienciar a la sociedad del entorno y que esto repercutiese en el temor a ser descubiertos en caso de intentar hacerles daño de nuevo.

Era consciente de que si la sensibilidad no calaba lo suficiente se podía generar una presión en el entorno, entorpeciendo el sosiego de los cetáceos, pero después de meditarlo durante bastante tiempo, llegué a la conclusión de que en caso de molestias, estas eran preferibles, incluso su posible marcha a pensar que por la apatía de todos nosotros como en los casos anteriores,  pudiesen algún día aparecer muertos deliberadamente.

Por suerte la sociedad que compartía el entorno de los delfines, ... marineros, vecinos etc. dieron un alto grado de civismo, convirtiéndose en conjunto en defensores de Enol y Ercina como yo nunca me podría haber imaginado .

Durante este tiempo, se sucedieron cantidad de circunstancias que se escapan de lo que yo entendía  como comportamiento lógico en seres denominados “irracionales”, no pudiendo comprender todavía al día de hoy unas actitudes que ponen bajo sospecha esa mencionada “irracionalidad” y que solo la despótica supremacía del ser humano hacia los demás convecinos de este planeta, incluidos algunos sectores poco evolucionistas de la comunidad científica son capaces de seguir inculcando con desmedido  desprecio a su inteligencia y seguro “raciocinio”, solo achacable a la falta de humildad.

Es posible que con el tiempo, intente escribir todas estas vivencias con el deseo de que sirvan para darles el respeto que se merecen.

Recuerdo también a múltiples personas que tenían una extraña necesidad de sentirse cerca de ellos, viajando hasta aquí desde lejanos puntos de la geografía Española  e incluso de algún país Europeo como Suiza o Noruega

En su forma de expresar su deseo de nadar entre ellos, se intuía una conjunción poco común, que se podría definir como necesidad , puesto que para ellos en conjunto la figura de los delfines era una llamada extraña que no emanaba ningún otro animal.

Uno de los casos mas curiosos fue el de un joven bombero de Huesca (Víctor) el cual al verlos en un informativo de televisión, solicitó permiso en su trabajo para desplazarse hasta Luarca, llegando a esta localidad después de estar durante toda una noche en tren, nada mas llegar me solicito que lo acompañara hasta ellos, llevando con el a su hija de corta edad y a su esposa.

No podía ocultar sus nervios, de igual manera que si algo crucial le fuese a suceder, explicándome de forma acalorada que aquello era su máximo deseo, mientras dirigía la mirada hacia su hija.

Después de que a duras penas pudiéramos llegar hasta los delfines por el fuerte oleaje, logró tocar a uno de ellos, cosa extraña siendo el primer día ya que por aquel entonces, no era fácil que algún desconocido los lograse tocar.

Nada mas ocurrir esto, comenzó a gritar diciéndomelo y al verle tan nervioso, lo cogí indicándole que saliésemos del agua.

Al llegar a la playa, se arrodilló besando la arena y abrazado a su esposa e hija rompió a llorar.

Es posible que los delfines se den cuenta del ansia de contacto de ciertas personas que demuestran una especial sensibilidad y deseo de contacto y que ellos se muestren mas predispuestos a mantener una relación mas directa o confiada.

También se dieron algunos casos en los cuales ciertas personas, sin realizar ninguna actitud extraña, les era imposible acercarse  e incluso algunos de ellos debían abandonar el agua ante el temor de sufrir algún ataque, puesto que los delfines se mostraban en esos casos impacientes e incluso amenazantes hacia ellos, observándose  mas de diecisiete situaciones de este tipo.

Así mismo determinadas embarcaciones eran evitadas por ellos, mientras otras eran seguidas con asiduidad, en especial las lanchas de pesca.

Pasado el mediodía del trece de Febrero de mil novecientos noventa y siete, los delfines abandonan su asentamiento, el mar comienza a aumentar rápidamente y en cuestión de pocas horas se forma un fuerte temporal.

Durante dos días no tenemos conocimiento de su paradero, pero suponemos que su marcha no es definitiva y que puede estar motivada por el fuerte temporal, con fuertes vientos y una de las mayores marejadas del noroeste registradas en los últimos años, ( es de destacar que la zona era totalmente barrida por enormes olas al estar orientada precisamente en esa dirección).

Es el día quince de del mismo mes cuando los localizamos en la playa de Santa Ana, es decir al este del cercano cabo de Busto y a una distancia aproximada de cinco kilómetros donde la fuerza del temporal es menor, gracias al abrigo que ofrece dicho cabo.

Están en esta zona hasta el día cinco del mes de Marzo, momento en el que se desplazan de nuevo a su primitivo asentamiento, parece que esta primer salida de la playa de los Molinos, les elimina poco a poco aquel temor a rebasar las barreras antes existentes y comienzan a acompañar a los barcos de pesca hasta las cercanías de Luarca, entrando al interior del puerto

durante nueve días consecutivos, durante los cuales su mayor disfrute consistía, en esperar a los barcos que hacían su entrada al puerto, siendo observados desde el cercano espigón por multitud de personas que quedaban maravillados viendo como solían lanzar platijas y algún otro pez de pequeño tamaño cual futbolista haciendo remates de cabeza y cola.

En el momento de caer la tarde, de nuevo regresaban a su rincón preferido hasta la llegada del alba.

Tiempo después se trasladarían mas hacia el oeste a la cercana playa de Otur pero solo durante las mañanas, regresando al muelle de Luarca al mediodía y a la playa de los Molinos al atardecer.

Comenzaron a realizar desplazamientos más largos, llegando hasta la playa de Arnelles en el municipio de Coaña, y por esas fechas fueron observados en la playa de los Molinos dos pequeños grupos de curiosos de la misma manera que en ocasiones anteriores, manteniendo una distancia con respecto a Enol y Ercina de unos ciento cincuenta metros aproximadamente

Fue el siete de julio cuando la escapada se hizo mas larga, llegando hasta el puerto de Burela, después de pasar dos días en la playa de San Miguel de Reinante, en el puerto lucense están durante tres días  para regresar de forma rápida a Luarca, estando en la zona hasta el diecisiete del mismo mes en que son vistos por ultima vez en la llamada Sobre Isla cercana a la localidad de Puerto de Vega.

Desde ese momento, no tenemos noticias hasta la mañana del día veintiocho en el cual se nos informa de su aparición en la playa de Lorzán y en la de Riazor del municipio coruñés, supuestamente se trata de Ercina y una cría.

Al día siguiente se confirma y es recogida la noticia por diversos medios de comunicación.

Posteriormente, se desplazan de nuevo hacia el norte llegando a la playa de Chanteiro y a las ocho de la tarde del mismo día treinta, son vistos en la ría de Betanzos, concretamente en la playa de Sada,  para ser observados también en el puerto de Cedeira el día treinta y uno de Julio.

Curiosamente el dos de Agosto los vemos a las dos de la madrugada en el mismo muelle de Luarca y se tiene constancia de la presencia de mas delfines en las cercanías sin poder precisar cuantos.

El día diecinueve de Agosto por la mañana logramos nadar con Enol e identificar a Ercina aunque sin que esta se acercase a nosotros, posiblemente, el grupo este compuesto  por un total de once ejemplares, apreciándose dos especimenes juveniles con una talla aproximada de un metro diez o veinte cm.