| Genaro
el “Cazurro” y la angula
Él, hombre de pómulos venosos y
rojizos, no por los caldos de su natal región sino por aquellos
vientos recios que pulieron la que algún día fue esbelta
y fuerte silueta, aquellos vientos del páramo repletos de brisas
que dejaban enjuta la piel y la mirada reseca de quien tenia que divisar
ya sudoroso las primeras luces del alba.
Recuerda Genaro su llegada a Navia como si el tiempo no transcurriese,
le miro y sus ojos brillan a pesar de tanto, tanto como los mil ciento
cuatro meses recién cumplidos con algunos achuchones como el dice;
señal inequívoca, el problema de sus dedos inmóviles,
retorcidos como viejos troncos de olivo que a duras penas sujetan el bastón
de avellano. Y la sonda..... aquel trasto que desde un tiempo atrás
es su nada querida compañera de los diarios y obligados paseos
a lo largo del pasillo de su nueva casa avilesina.
Minutos después de que me reconozca y yo a él, con voz cansina
pero estimulada por el ansia de recordar tiempos de juventud desgrana
con lucidez aquellos diez años en la villa de Campoamor antes de
buscar futuro tan lejos de España, en su hoy añorada Cuba.
Recuerda Genaro fielmente aquellas noches heladas de algún diciembre
en compañía de su padre, apenas diez años, su ropa
helada, rígida, acartonada, pegado a su tierna piel aquel pantalón
hasta la pantorrilla, río arriba, río abajo con la luz del
carburo y aquellas alargadas sombras que algunas otras noches le hacían
despertar sobresaltado.
No recuerda con seguridad el año, sí que eran fechas antes
de aquella navidad, una navidad cualquiera de los años veinte con
su padre, un saco de esparto y un flamante carburo para iluminar las oscuras
noches a orillas de la ría en busca de angulas para trueque. ¿Para
que? le pregunto: -para entender la respuesta-, me dice, tendrías
que haberlo vivido, perdí entonces un hermano con trece años
por lo que podía ser una simple pulmonía. No existía
nada, solo miseria y necesidad sobraba, mi padre pilotaba las zonas húmedas
para cimentar edificios, utilizaba pino, recuerdo los bueyes, aquellos
carros y la resina en sus curtidas y ásperas manos siempre negras
por ella.
¿Noventa kilos de angula en apenas una hora?,..le pregunto, !!si
noventa kilos!! y más porque el primer saco de esparto ya mediado,
lo colocamos contra uno de los montones de pinos, cerrando su boca con
blimba (1) y continuando de nuevo las pasadas para llenar otro al poco
tiempo, dando por finalizada la jornada y regresando junto al saco anterior
que al ser iluminado por la blanca luz del carburo mi padre exhaló
un mecago (2) en no recuerdo qué al verlo casi vacío, lo
levantó encontrando el pequeño agujero que había
facilitado que la gran mayoría de las angulas aún vivas
alcanzasen las cercanas aguas del Navia.
Por lo tanto, yo que apenas podía mantener los ojos abiertos, tenia
que seguir haciendo caso a los consejos de mi padre para evitar la congelación
de mis pequeñas manos sumergiéndolas reiteradamente en las
aguas que parecían calientes en comparación con la helada
noche y que por momentos disipaba los dolores de aquellos muchos sabañones.
Se fija en sus ahora cálidas zapatillas de fieltro a cuadros azules
y recuerda con la impronta de alguien que no olvida, aquellas botas (todo
un lujo dice) toscas y duras que después de cada jornada creaban
heridas sangrantes en los nudillos de los dedos pero protegían
del agua gracias al untu (3) que escasamente impermeabilizaba aquellos
pelleyos (4) de vaca
Cuantas veces las llondrigas (5) me asustaban con sus chapoteos juguetones
en la orilla o sus ladridos de cortejo y también yo a ellas, recordando
especialmente una que atemorizada por mi brusca presencia dejó
una anguila de más de seis kilos a medio pelar en la orilla que
nos supo a gloria.
Sigue contando aquello que yo quería escuchar de sus labios resecos,
agrietados de tonos blanquecinos a veces y azulados otros desgranando
con la avidez de quien rememora una historia irrepetible faltaría
más, como protagonista de un mundo tan distinto del que hoy existe.
Tiritando, con el rocío congelado en la piocha (6) refugiándose
de la fría brisa norteña al abrigo del alero del cubiechu
(7) viendo como se formaban los carámbanos (8) que en ocasiones
servían de helados, sin sabores como los actuales claro, continuamos
los lances para capturar en poco más de una hora la cantidad perdida
y por suerte llegar a casa donde mi madre, buena madre se levantaba para
introducirme en la cama un ladrillo caliente envuelto en un viejo trapo
que mis pequeños y sufridos pies agradecían,.... como todas
las madres,....buena madre repite mirando al suelo y su recuerdo reaviva
sin duda nostalgias que humedecen sus cansados ojos que por un momento
cierra.
Al día siguiente – prosigue - muy temprano la gran mayoría
de las angulas, contribuían a facilitar que mis ocho hermanos,
mi madre mi padre y yo pudiéramos comer castañas, berzas,
huevos, patatas, manzanas y de vez en cuando alguna que otra manteca fresca
o aquellos bocadillos de sabrosas nueces.
Era parte del trueque que en algunos pueblos cercanos acostumbraba hacer
mi padre sin venta ni cobro con simple y mero intercambio del cual según
parece en muchas ocasiones hasta las gallinas daban buena cuenta de ellas.
Le comento el precio que tienen,.. sonríe
vagamente, con mirada lánguida parece no creerme repitiendo extrañado
la cantidad que le acabo de indicar, !!sesenta mil!!.......y fija su vista
en el exterior, pensativo a la vez que entreabre la cortina estirando
su bastón. Así lo dejo, soñando quizás con
aquellos tiempos mientras ve las últimas hojas de los ya bien desnudos
álamos cercanos mecerse al viento a través de la ventana.
Al ver que me incorporo con el interés de dejarlo descansar, me
mira de nuevo fijamente y sin vacilaciones me pregunta ¿por que?.
Porque su vida Genaro en aquel entonces era natural,
el aceite de cocina no iba por los fregaderos, las industrias no existían,
los embalses del maltratado Navia eran en simples sueños, los purines
de las vacas eran cucho (9) sólido, los arroyos y ríos se
podían beber, no existían pesticidas, herbicidas, los abonos
químicos.
Tampoco las turbinas de las centrales hidroeléctricas en las que
miles de anguilas madres son descuartizadas al querer alcanzar el mar
para reproducirse, o las piscifactorías algunas repletas de grandes
ejemplares que ante el fácil alimento entraban en sus balsas, retiradas
en algunos casos por toneladas para terminar como simple pienso.
Por aquel entonces y todavía ahora las Administraciones siguen
cerrando los ojos a tales desmanes pero gastan importantes cantidades
de dinero en explicarnos las tallas mínimas de las distintas especies,
en publicidad televisiva también con “pezqueñines...,no
gracias” en una pueril demagogia e incluso hasta hace poco tiempo
fue considerada la angula, especie distinta a su progenitora la anguila.
En esta España hasta el momento Genaro, importa muy poco lo que
le ocurra a este ser y precisamente ahora desde bastante lejos (Bruselas)
Franz Fischler uno de esos que dicen gobierna Europa quiere parar tal
desmán, esperemos que así sea y que las pequeñas
que durante dos años surcan la enorme distancia marina que las
separa de nuestras costas logren alcanzar los arroyos que un día
habitaron quien las hizo nacer y las pocas anguilas que aun quedan en
nuestros ríos logren viajar y procrear allí, casi tan lejos
como tu Cuba querida
Mientras tanto, seguiremos viendo como esos seres serpentiformes y escurridizos
desaparecen de nuestros ríos generando graves desequilibrios en
éstos ecosistemas bien sea en la cadena trofica sirviendo de alimento
a tantas especies o por la depuración de la que es especialista
eliminando materia orgánica como ningún otro ser de nuestros
ríos.
Desde hace más de siete años, CEPESMA reivindica medidas
para la supervivencia de ésta especie, en peligro inminente de
extinción pero seguimos desgraciadamente sufriendo el caso omiso,
la pasividad, el conformismo y la triste realidad de que algún
día sea reflejo de otra historia “hemérita”
del buró político .
Tu ya no podrás Genaro ser jamás protagonista vivo de más
historias, de nostalgias imperecederas y tus ojos no se volverán
a humedecer nunca pero tampoco verás desaparecer tu sueño,
éste seguirá existiendo en mi memoria de forma fiel como
hoy lo siento. No así nosotros que, como actores entre bambalinas
en el teatro de la vida, desechamos sin sonrojo y sin piedad muchos de
nuestros compañeros de viaje.
Gracias Genaro por tu cátedra vital, por transmitirme tu inquina
al mundo pueril, soez, egoísta, materialista y carroñero
que nos toca sufrir y gracias, muchas gracias también por las horas
que a pesar de tu estado me dedicaste ilusionado, sabiendo tus últimos
días que yo percibía en tu mirada perdida en aquellos álamos
desnudos al rigor del otoño; Por ello lo dicho, sabes allí
donde estés que no ha caído en saco roto “ Cazurro”
(1) tronco verde de salguero que retorcido
era utilizado para atar. (2) taco o blasfemia. (3) sebo o grasa compactada
de cerdo. (4) piel vasta poco curtida o fresca. (5) nutrias. (6) flequillo
o caída del pelo sobre la frente. (7) cubil. (8) formaciones de
hielo por el goteo de agua.(9) estiércol de vaca
Luis Laria
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