La historia de Cepesma es la historia de Enol y Ercina

Carta a los científicos del Hesperides noviembre 2003

Foca gris "Timoteo"

Angula diciembre 2003

La pesca de la Ballena en Luarca

Un nombre equivocado: Planeta Tierra enero 2004

Cepesma Actividades

Tiempo después del Prestige agosto 2003
Dantesco Cuadro Navideño enero 2003
Y si ocurre de nuevo julio 2004
Seguimos con milongas galipoteras junio 2003
El cambio climático amenaza con trasladar la sardina al mar del Norte agosto 2006

Genaro el “Cazurro” y la angula

Él, hombre de pómulos venosos y rojizos, no por los caldos de su natal región sino por aquellos vientos recios que pulieron la que algún día fue esbelta y fuerte silueta, aquellos vientos del páramo repletos de brisas que dejaban enjuta la piel y la mirada reseca de quien tenia que divisar ya sudoroso las primeras luces del alba.
Recuerda Genaro su llegada a Navia como si el tiempo no transcurriese, le miro y sus ojos brillan a pesar de tanto, tanto como los mil ciento cuatro meses recién cumplidos con algunos achuchones como el dice; señal inequívoca, el problema de sus dedos inmóviles, retorcidos como viejos troncos de olivo que a duras penas sujetan el bastón de avellano. Y la sonda..... aquel trasto que desde un tiempo atrás es su nada querida compañera de los diarios y obligados paseos a lo largo del pasillo de su nueva casa avilesina.
Minutos después de que me reconozca y yo a él, con voz cansina pero estimulada por el ansia de recordar tiempos de juventud desgrana con lucidez aquellos diez años en la villa de Campoamor antes de buscar futuro tan lejos de España, en su hoy añorada Cuba.

Recuerda Genaro fielmente aquellas noches heladas de algún diciembre en compañía de su padre, apenas diez años, su ropa helada, rígida, acartonada, pegado a su tierna piel aquel pantalón hasta la pantorrilla, río arriba, río abajo con la luz del carburo y aquellas alargadas sombras que algunas otras noches le hacían despertar sobresaltado.
No recuerda con seguridad el año, sí que eran fechas antes de aquella navidad, una navidad cualquiera de los años veinte con su padre, un saco de esparto y un flamante carburo para iluminar las oscuras noches a orillas de la ría en busca de angulas para trueque. ¿Para que? le pregunto: -para entender la respuesta-, me dice, tendrías que haberlo vivido, perdí entonces un hermano con trece años por lo que podía ser una simple pulmonía. No existía nada, solo miseria y necesidad sobraba, mi padre pilotaba las zonas húmedas para cimentar edificios, utilizaba pino, recuerdo los bueyes, aquellos carros y la resina en sus curtidas y ásperas manos siempre negras por ella.
¿Noventa kilos de angula en apenas una hora?,..le pregunto, !!si noventa kilos!! y más porque el primer saco de esparto ya mediado, lo colocamos contra uno de los montones de pinos, cerrando su boca con blimba (1) y continuando de nuevo las pasadas para llenar otro al poco tiempo, dando por finalizada la jornada y regresando junto al saco anterior que al ser iluminado por la blanca luz del carburo mi padre exhaló un mecago (2) en no recuerdo qué al verlo casi vacío, lo levantó encontrando el pequeño agujero que había facilitado que la gran mayoría de las angulas aún vivas alcanzasen las cercanas aguas del Navia.
Por lo tanto, yo que apenas podía mantener los ojos abiertos, tenia que seguir haciendo caso a los consejos de mi padre para evitar la congelación de mis pequeñas manos sumergiéndolas reiteradamente en las aguas que parecían calientes en comparación con la helada noche y que por momentos disipaba los dolores de aquellos muchos sabañones.
Se fija en sus ahora cálidas zapatillas de fieltro a cuadros azules y recuerda con la impronta de alguien que no olvida, aquellas botas (todo un lujo dice) toscas y duras que después de cada jornada creaban heridas sangrantes en los nudillos de los dedos pero protegían del agua gracias al untu (3) que escasamente impermeabilizaba aquellos pelleyos (4) de vaca
Cuantas veces las llondrigas (5) me asustaban con sus chapoteos juguetones en la orilla o sus ladridos de cortejo y también yo a ellas, recordando especialmente una que atemorizada por mi brusca presencia dejó una anguila de más de seis kilos a medio pelar en la orilla que nos supo a gloria.
Sigue contando aquello que yo quería escuchar de sus labios resecos, agrietados de tonos blanquecinos a veces y azulados otros desgranando con la avidez de quien rememora una historia irrepetible faltaría más, como protagonista de un mundo tan distinto del que hoy existe.
Tiritando, con el rocío congelado en la piocha (6) refugiándose de la fría brisa norteña al abrigo del alero del cubiechu (7) viendo como se formaban los carámbanos (8) que en ocasiones servían de helados, sin sabores como los actuales claro, continuamos los lances para capturar en poco más de una hora la cantidad perdida y por suerte llegar a casa donde mi madre, buena madre se levantaba para introducirme en la cama un ladrillo caliente envuelto en un viejo trapo que mis pequeños y sufridos pies agradecían,.... como todas las madres,....buena madre repite mirando al suelo y su recuerdo reaviva sin duda nostalgias que humedecen sus cansados ojos que por un momento cierra.
Al día siguiente – prosigue - muy temprano la gran mayoría de las angulas, contribuían a facilitar que mis ocho hermanos, mi madre mi padre y yo pudiéramos comer castañas, berzas, huevos, patatas, manzanas y de vez en cuando alguna que otra manteca fresca o aquellos bocadillos de sabrosas nueces.
Era parte del trueque que en algunos pueblos cercanos acostumbraba hacer mi padre sin venta ni cobro con simple y mero intercambio del cual según parece en muchas ocasiones hasta las gallinas daban buena cuenta de ellas.

Le comento el precio que tienen,.. sonríe vagamente, con mirada lánguida parece no creerme repitiendo extrañado la cantidad que le acabo de indicar, !!sesenta mil!!.......y fija su vista en el exterior, pensativo a la vez que entreabre la cortina estirando su bastón. Así lo dejo, soñando quizás con aquellos tiempos mientras ve las últimas hojas de los ya bien desnudos álamos cercanos mecerse al viento a través de la ventana.
Al ver que me incorporo con el interés de dejarlo descansar, me mira de nuevo fijamente y sin vacilaciones me pregunta ¿por que?.

Porque su vida Genaro en aquel entonces era natural, el aceite de cocina no iba por los fregaderos, las industrias no existían, los embalses del maltratado Navia eran en simples sueños, los purines de las vacas eran cucho (9) sólido, los arroyos y ríos se podían beber, no existían pesticidas, herbicidas, los abonos químicos.
Tampoco las turbinas de las centrales hidroeléctricas en las que miles de anguilas madres son descuartizadas al querer alcanzar el mar para reproducirse, o las piscifactorías algunas repletas de grandes ejemplares que ante el fácil alimento entraban en sus balsas, retiradas en algunos casos por toneladas para terminar como simple pienso.
Por aquel entonces y todavía ahora las Administraciones siguen cerrando los ojos a tales desmanes pero gastan importantes cantidades de dinero en explicarnos las tallas mínimas de las distintas especies, en publicidad televisiva también con “pezqueñines...,no gracias” en una pueril demagogia e incluso hasta hace poco tiempo fue considerada la angula, especie distinta a su progenitora la anguila.
En esta España hasta el momento Genaro, importa muy poco lo que le ocurra a este ser y precisamente ahora desde bastante lejos (Bruselas) Franz Fischler uno de esos que dicen gobierna Europa quiere parar tal desmán, esperemos que así sea y que las pequeñas que durante dos años surcan la enorme distancia marina que las separa de nuestras costas logren alcanzar los arroyos que un día habitaron quien las hizo nacer y las pocas anguilas que aun quedan en nuestros ríos logren viajar y procrear allí, casi tan lejos como tu Cuba querida
Mientras tanto, seguiremos viendo como esos seres serpentiformes y escurridizos desaparecen de nuestros ríos generando graves desequilibrios en éstos ecosistemas bien sea en la cadena trofica sirviendo de alimento a tantas especies o por la depuración de la que es especialista eliminando materia orgánica como ningún otro ser de nuestros ríos.
Desde hace más de siete años, CEPESMA reivindica medidas para la supervivencia de ésta especie, en peligro inminente de extinción pero seguimos desgraciadamente sufriendo el caso omiso, la pasividad, el conformismo y la triste realidad de que algún día sea reflejo de otra historia “hemérita” del buró político .
Tu ya no podrás Genaro ser jamás protagonista vivo de más historias, de nostalgias imperecederas y tus ojos no se volverán a humedecer nunca pero tampoco verás desaparecer tu sueño, éste seguirá existiendo en mi memoria de forma fiel como hoy lo siento. No así nosotros que, como actores entre bambalinas en el teatro de la vida, desechamos sin sonrojo y sin piedad muchos de nuestros compañeros de viaje.

Gracias Genaro por tu cátedra vital, por transmitirme tu inquina al mundo pueril, soez, egoísta, materialista y carroñero que nos toca sufrir y gracias, muchas gracias también por las horas que a pesar de tu estado me dedicaste ilusionado, sabiendo tus últimos días que yo percibía en tu mirada perdida en aquellos álamos desnudos al rigor del otoño; Por ello lo dicho, sabes allí donde estés que no ha caído en saco roto “ Cazurro”




(1) tronco verde de salguero que retorcido era utilizado para atar. (2) taco o blasfemia. (3) sebo o grasa compactada de cerdo. (4) piel vasta poco curtida o fresca. (5) nutrias. (6) flequillo o caída del pelo sobre la frente. (7) cubil. (8) formaciones de hielo por el goteo de agua.(9) estiércol de vaca


Luis Laria