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Las Antípodas de Carrandi

“Kaicoura”

Nueva Zelanda del Sur (Noviembre 2006)

 
   

Las Antípodas de Carrandi

“Kaicoura”

Nueva Zelanda del Sur 

 

         Durante el mes de noviembre, he tenido la ocasión de conocer una singular zona del planeta que en algunos casos tiene mucho que ver con nuestra costa asturiana a pesar de la distancia.

 

         Sin duda la duración del viaje con sus 22.000 kilómetros y seis aviones distintos, merece la pena desde el  momento en  que  pisamos el aeropuerto internacional de Christchurch una ciudad de 320.000 habitantes, la más importante de Nueva Zelanda del Sur. Y que se encuentra a 170 kilómetros al norte de nuestro punto de interés, Kaicoura, lugar en que los norteamericanos llevan trabajando más de quince años y que hasta hace un tiempo estaba considerado el punto del planeta más importante en presencia de calamares gigantes.

 

        Los traslados son difíciles sino alquilamos un coche puesto que las distancias entre poblaciones son muy grandes al ser una isla muy poco poblada.

  Con un coche desconocido y conduciendo por la izquierda por su idiosincrasia sajona comienzo el viaje a las ocho de la mañana en el centro de la ciudad sin saber muy bien donde se encontraba el norte o  el sur y la verdad es que me sentía como si nunca hubiese manejado un automóvil.

 

        La carretera con continuas subidas y bajadas es estrecha pero con buen firme y a sus orillas podemos deleitarnos con espectaculares bosques circundados por praderas  repletas de grandes rebaños de ovejas merinas, vacas y también ciervos domesticados a la sombra de  los Alpes neozelandeses, majestuosa cordillera que transita de norte a  sur la hermosa isla y que alberga dos importantes Parques Nacionales como el de Nelson Lakes y  el de Fiordland declarados patrimonio de la humanidad

        Los conejos y las liebres salpican cualquier trayecto de  la carretera y es fácil observar multitud de anatidas en las zonas húmedas y aledaños de los abundantes ríos.

 

       Donde  la carretera circula paralela a la costa bien cerca del mar, podemos ver multitud de colonias de lobos marinos de un pelo, albatros, petreles, cormoranes imperiales y  pingüinos de Nueva Zelanda.

 

          A pesar de que geográficamente se pueda considerar  como  el lugar más distante de nuestra latitud, Nueva Zelanda del Sur, sin duda presenta una afinidad destacable a nivel de vida intermareal y también  geológica con Asturias

 

        A ello debemos de añadir una costa prodiga en ignitas y restos fósiles de dinosaurios, algunos como el plesiosaurus que con cuerpo similar a las actuales tortugas y alargado cuello  bien podría ser la inspirada silueta con la que se emparentaban los monstruos marinos llamados Kraken allá por los siglos XVI y XVII estando conservados algunos  en el Museo-archivo de Kaicoura desde el año 1996,  éstos habrían compartido el mar con ese otro gran dinosaurio viviente, en aquel entonces provisto de una concha superior a  los cuatro metros de diámetro y que seria el antecesor de nuestro Architeuthis actual

 

  Por supuesto, lo que más me atraía desde hace bastante tiempo eran los calamares gigantes en ese archifamoso Cañón de Kaicoura, una dura competencia con nuestro también no menos afamado caladero de Carrandi asturiano

 

        Kaicoura es una pequeña población  que no supera los 7.000 habitantes y que tiene su economía supeditada básicamente en la ganadería y en el turismo de naturaleza, sobremanera el que posibilita la riqueza marina destacando de forma importante aquella que aportan los cetáceos que habitan cotidianamente éstas aguas.

 

        El Cañón de Kaicoura es una depresión submarina que comienza nada más salir del pequeño puerto y que en solo tres millas de navegación al noreste alcanza una profundidad superior a los   3.000 metros, en el que se pueden observar durante todo el año ejemplares adultos solitarios de cachalote en ocasiones  a menos de quinientos metros de la costa

        En  éste cañón submarino, la Fundación Smitch Somniam ha realizado importantes trabajos de investigación y también con dos proyectos han intentado filmar  los grandes calamares sin éxito a pesar de elevados costes económicos, recordemos que también en Carrandi hemos realizado dos campañas denominadas proyecto Kraken con iguales fines y también con parecidos resultados.

 

        El proyecto realizado en Kaicoura, tenía como principal protagonista camarógrafo a los propios cachalotes a los que previamente habían  instalado   cámaras de video con forma de torpedo fijadas a sus  cuerpos con la esperanza de que en una de esas inmersiones que realizan para capturar al Architeuthis, en las que pueden alcanzar más de 2.000 metros de profundidad pudieran ser filmados. El empeño no tuvo los frutos deseados ya que no contaban con que estos grandes cetáceos  no soportan objetos extraños asidos a su piel y entre ellos se rozaban continuamente soltándolas  sobrepasados apenas  los trescientos metros.

       Posiblemente aquí radique una de las pocas diferencias sustanciales entre el caladero de Carrandi y el cañón de Kaicoura, la presencia continua de cachalotes en este último y la casi nula presencia de ellos en Carrandi.

 

       La respuesta a esta diferencia está determinada por la orografía subacuatica, el cañón de Kaicoura es un valle profundo con dos terrazas laterales que posibilitan una inmersión con buena información por ecolocalización, sistema que los cachalotes al igual que otros cetáceos utilizan al rebasar la zona de luz durante la inmersión ya que a partir de los doscientos metros de profundidad, tanto en el Cantábrico como en Kaicoura el océano se muestra cual una  noche eterna.

 

       Por el contrario la compleja orografía de nuestro caladero de Carrandi entorpece la alimentación fácil por lo agreste de sus fondos, no en vano pertenecen geológicamente a la misma formación de pliegues de los Picos de Europa que sobresalen frente a ésta zona tierra adentro y por lo tanto, los muchos errores de localización que pueden darse, obligan a éstos grandes mamíferos a descartar éste hábitat como punto de alimentación, hemos de tener en cuenta que solo se encuentran mesetas y planicies en profundidades no superiores a los quinientos metros, algunas de estas son extensiones arenosas considerables en las que se realizan las actividades de pesca  de arrastre, modalidad que en ocasiones suele capturar accidentalmente ejemplares que quizás por pautas alimentarías u otras como las reproductivas prodigan tránsitos a esas menores profundidades.

       Bien distinto es  el caso en Nueva Zelanda debido a que las apariciones de calamares son debidas únicamente a los varamientos en la costa o ejemplares muertos encontrados flotando en el mar ya que en esa zona la escasa plataforma continental no posibilita  la actividad pesquera en la modalidad de arrastre.

 

       Es curioso que a pesar de aparecer tantos ejemplares en los últimos años, carezcan de alguno de ellos conservados y que incluso a través de e-mail se hubieran puesto en contacto con nosotros  hace más de dos años para tener alguno expuesto como en el caso del museo nacional de Wellington al norte del estrecho de Cook.

 

       Este viaje ha servido para entablar un intercambio de estudio y trabajo histórico y actual de los grandes cefalópodos y fruto de este primer contacto es la puesta en marcha de una línea de información con tres organizaciones dedicadas al estudio de la vida marina en Nueva Zelanda del sur

 

 

      Luis Laria