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Las luces
de la ya agotada Navidad se reflejan en las aceras húmedas de un
Gijón febril, donde los transeúntes atisban los provocadores
escaparates con sus estrenadas rebajas, nadas parece ajeno al trajín
mercantilista de esta urbe bulliciosa de la que ni yo mismo soy capaz
de librarme.
Necesitas una chaqueta....., comenta mi esposa y sin mas entramos, creo
que como todos los demás en busca de una prenda buena, bonita y
como no por la ocasión barata
Mientras pruebo una, suena el teléfono en mi bolsillo y me comunican
con el Centro de Emergencias de Galicia y la CEMMA ( coordinadora para
el estudio de los mamíferos marinos de esa Comunidad) acaban de
varar veintidós calderones en un pedrero cercano al puerto de Burela
en la vecina provincia de Lugo.
Después de explicarme los pormenores y la zona de varamiento, contacto
con Alfredo López, gran amigo y responsable de CEMMA, decidimos
que dada la dificultad de la zona, la fría y lluviosa noche y la
falta de marea, nos imposibilita actuar dignamente en el rescate, pensando
que todo el operativo tendría mas garantías al amanecer.
Mientras, miembros de protección Civil de Burela y Cervo, así
como personal de Medio Ambiente de la Xunta de Galicia en un intento desesperado,
luchan por devolver al mar alguno de los ejemplares sin éxito,
ya que estos regresan de nuevo a las rocas.
Alfredo, saldría entonces a las cinco de la mañana de Vigo
y nosotros estaríamos a primera hora del amanecer.
Sigue lloviendo intensamente, por fin compro la chaqueta y ya dirección
Luarca, mi mente no piensa en otra cosa que en aquellos pobres animales
y en la triste situación que estarían padeciendo.
Apenas puedo cenar e intento dormir unas horas sabiendo lo que nos espera,
sin embargo después de unas cuantas vueltas, decido salir para
pasar la noche con ellos, no soporto conocer mas detalles sin estar allí.
La lluvia apenas deja ver las líneas del asfalto y llego a las
dos de la madrugada al puerto, parece el mismo puerto de siempre a esas
horas, frió, oscuro y dormitante con el único susurro de
los motores de un barco atracado al muelle.
Un coche de la Guardia Civil me guía hasta la cercana valla que
separa la cruda realidad,... allá al fondo donde las linternas.....
me comentan.
Nos separa un largo cierre metálico, que linterna en mano traspasamos
por un gran barrizal de mas de quinientos metros hasta llegar al pedrero.
Antes de llegar a la zona donde yacen los cetáceos, a lo lejos
se escuchan forzadas inspiraciones de los que intentan seguir con vida,
resoplidos lastimeros por la inmensa presión que produce el peso
de su cuerpo y que aplasta fuertemente sus pulmones acostumbrados a la
ingravidez medio acuático.
La luz de la linterna escudriña los surcos lastimeros de aquel
atroz enclave descubriendo uno de ellos, pero....... no son calderones,
son pseudo-orcas, que raro., que tristeza mientras le observo, una hembra,
grande,.. al menos ya no sufre,..pienso , esta muerta.
Avanzo por aquel roquedal siniestro y me encuentro con dos miembros de
P. Civil que solos asisten a un festival siniestro a pocos metros resoplidos
y mas resoplidos, silbidos cual llanto desesperado se entrelazan con golpeteos
secos contra el suelo mortal, los escasos charcos dejados al bajar la
marea, teñidos de sangre culminan el dantesco cuadro.
No se como pero de forma inconsciente recorro la totalidad del pedrero,
intento contarlos, como queriendo que sean menos, engañándome
de que algunos se pudieran haber librado de tan brutal acontecimiento,
..uno, siete, diecinueve, veintiuno, increíble aun hay mas, dos
pequeños y estos otros, en total son veintisiete.
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